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¿Hablar o callar?

Día a día caemos en la misma pregunta. Es totalmente imposible saber qué resultará tras abrir la boca. A veces son cosas buenas, a veces son cosas malas, pero todo muy relativo.
Siempre escuchas comentarios como: “No debiste decir eso”, “¿Por qué lo dices?”, “¿Estás seguro de lo que estás diciendo?” y millones de interrogantes que engloban el mismo concepto: La cagaste. 
Tras la típica pelea mental de decirlo o callarlo, nace una expectativa. ¿Por qué? No lo sé, sólo sé que ahí está. Es raro como siempre se espera algo de las personas que te rodean, aunque nunca recibas nada. Esa confianza en el prójimo quizás está valorada en exceso; pero existe. 
Ahora, ¿qué sería de un día sin ninguna expectativa “sentimental” y sin ninguna ilusión? En medio de mi monólogo puedo responder que para mi no sería absolutamente NADA. Unos tildan esto de innecesario, otros de “tontería”, pero lo único tonto de toda esta historia es creerse tan “genial” como para creer que puede vivir sin un detalle, una sonrisa o un momento con otra persona. 
En más de una oportunidad escuché decir a alguien que aprecio mucho “amo la soledad”. ¿Será eso verdad o es que sólo valoran vivir un momento distinto? ¿Las personas pueden llegar a ser tan egoístas consigo mismas? Es algo que me cuesta creer, pero dentro de todo el parapeto que hay que crearse en la cabeza día a día para poder vivir tranquilo, lo intentaré.
La verdad, no sé por qué escribo toda esta cantidad de líneas sin sentido para el que lo lee, aunque con mucho sentido para mi; claro, no logré plasmarlas en orden, ese fue el problema. El caso es que llego a la conclusión de que el arrepentirse se puede dividir de dos maneras: por hacer las cosas y por dejarlas de hacer; siempre terminas arrepentido… tarde o temprano. 

… En otro momento les cuento si me arrepentí de hacer las cosas o de dejarlas de hacer.

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