A veces vemos una película, escuchamos una canción, o presenciamos una expresión artística, y juramos que fue hecha para nosotros.
Siempre me pasa, y supongo que a todo el mundo. Luego de muchos años comprendí que no estaba hecha para cada uno de nosotros, sino que la vida tiene un efecto circular; si no te pasa al inicio, te pasa al final.
Eso hace que cada historia en algún momento de nuestra vida nos llegue al corazón: buena o mala, sólo que llegue.
La vida está llena de momentos, y el aprovechar la vida sólo consta en aprovecharlos y vivirlos como si fuese el último día: Carpe Diem. Eso nos lleva al extremo de la felicidad, o de la tristeza. Siempre buscarás aprovechar al máximo cada momento, intensificarlo, y por ende, aprender de él.
Todos compartimos los mismos temas, aunque a veces variamos la trama: amor, familia, sociedad, felicidad, tristeza, lujuria, pasión, deseo, asco, ansiedad, nervios... Todo eso hace que ningún día de nuestra vida pase por debajo de la mesa.
Siempre me ha llamado mucho la atención algo, y es esa extraña sensación de posesión que sentimos con algunas personas. Esa dependencia enfermiza, ese amor incondicional y egoísmo injustificado. Esas ganas de querer tener a alguien para ti sabiendo que son felices juntos, y luchar hasta el cansancio para que eso se de... El problema es que nunca nos han explicado las desilusiones y golpes que esta búsqueda lleva.
Sólo sé que acabo de ver una película, con una trama linda, triste e intensa... Pero con un final feliz.
Está en manos de cada uno darle el final que queramos. Sólo procuremos que nuestra vida tenga la mayor cantidad de finales felices posibles.
No Strings Attached
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